A partir de esa elevación comienza la metamorfosis: “que los susurros se vuelvan cantos”. El susurro es confidencia, miedo o deseo todavía tímido; el canto, en cambio, es expresión abierta, audible, que busca a otros. En fragmentos de Safo conservados por Dionisio de Halicarnaso (c. 30 a. C.) se alude a coros de mujeres que cantan al unísono, mostrando cómo la emoción privada se hace comunidad. Así, el verso sugiere que lo que empezó como voz baja y reservada puede hallar la valentía para convertirse en un canto colectivo bajo la complicidad nocturna de la luna. [...]