Habitar la duda y enseñarle a clarear

Permanece donde se congregan las dudas y enséñales a disiparse. — Adrienne Rich
La invitación de Rich
Adrienne Rich propone un gesto poco habitual: quedarse donde las dudas se acumulan y, en vez de huir, formarlas hasta que se disuelvan. Su poesía y ensayo militante ya prefiguraban este movimiento. En When We Dead Awaken: Writing as Re-Vision (1971), Rich invita a re-leer el mundo para descubrir lo silenciado; y en Diving into the Wreck (1973) desciende a los restos del naufragio para observar sin adornos. Así, permanecer no es pasividad, sino una práctica de atención radical. De este modo, la duda deja de ser un pantano y se vuelve taller.
Capacidad negativa y aporía
A continuación, la tradición literaria y filosófica ilumina la propuesta. John Keats celebró la “capacidad negativa” (carta de 1817): sostener la incertidumbre sin apresurarse a conclusiones. De forma paralela, los diálogos socráticos en Menón muestran la aporía, ese desconcierto fértil que abre camino a un saber más afinado. En ambos casos, la incomodidad es estación de paso, no destino. Por ello, cuando Rich dice permanecer, sugiere cultivar un temple que tolere el no saber mientras madura una pregunta mejor.
Pedagogía de la incertidumbre
Desde aquí, la educación ofrece un campo de ensayo. Paulo Freire, en Pedagogía del oprimido (1968), defendió una pedagogía dialógica donde el aula se convierte en círculo de investigación. Un ejemplo: ante un problema comunitario, el grupo mapea lo que cree saber, los huecos y las evidencias, y luego formula preguntas investigables. El docente no impone respuestas; guía el método para que la duda se organice y avance. Así, enseñar a disiparse no significa suprimir dudas, sino canalizarlas hasta que se transformen en comprensión compartida.
Feminismo y saber situado
Asimismo, la frase de Rich resuena con una ética feminista del conocimiento. Donna Haraway, en Conocimientos situados (1988), advierte que toda mirada parte de una posición; reconocerlo afina, no debilita, la objetividad. Y Audre Lorde, en The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House (1979), alerta contra certezas heredadas que perpetúan exclusiones. Permanecer en la zona de duda implica escuchar voces marginadas y revisar marcos. En esta clave, disipar no equivale a imponer un relato único, sino a clarificar las condiciones y límites de lo que sabemos.
Ciencia como arte de la refutación
En ciencia, la duda es combustible. Karl Popper, en Conjeturas y refutaciones (1963), propuso que el conocimiento progresa sometiendo hipótesis a pruebas severas. Un laboratorio que documenta errores, hace réplicas y publica datos negativos enseña a la duda a decantar: lo que resiste permanece, lo que falla se revisa. Incluso la práctica bayesiana transforma incertidumbre en actualización gradual de creencias. Así, la disciplina metodológica convierte la bruma inicial en contornos nítidos sin caer en dogmas.
Artes de disipar sin negar
Finalmente, llevar la consigna a la vida cotidiana exige rituales. Comenzar con preguntas abiertas, separar hechos de interpretaciones, trazar mapas de evidencia mínima y máxima, y ensayar escenarios alternativos ayuda a que la duda se vuelva operativa. La escucha activa, los turnos de steelmanning y breves pausas de atención plena reducen el ruido emocional que confunde el juicio. De este modo, permanecemos sin paralizarnos: la duda se ventila, aprende, y, cuando está madura, se despeja por sí misma.