Transformar el silencio y la protesta en reparación
Convierte el silencio en acción y la protesta en reparación. — Adrienne Rich
Una ética de responsabilidad
Para empezar, la consigna de Adrienne Rich exige un desplazamiento moral: no basta con hablar ni con denunciar, hay que asumir la responsabilidad de reparar. El silencio, recuerda, no es solo ausencia de palabras; puede ser miedo, ignorancia o comodidad que perpetúa daños. Al convertirlo en acción, cambiamos la pasividad por iniciativas concretas, con metas, plazos y rendición de cuentas. Así, la protesta deja de ser un fin en sí misma y se vuelve el umbral de una cura social.
Del grito a la enmienda
A renglón seguido, conviene distinguir entre desahogo y enmienda. La reparación puede ser material (restitución, indemnización), institucional (protocolos, leyes, presupuestos) y simbólica (disculpas, memoria pública). Sin ese tránsito, el agravio se cronifica y desgasta a quienes protestan; con él, se restituye la confianza y se previenen nuevas heridas. De ahí que la acción transformadora incluya escuchar a las víctimas, reconocer el daño y diseñar cambios verificables que modifiquen condiciones y poder.
Lecciones de la historia reciente
Esta intuición encuentra respaldo en experiencias concretas. En Sudáfrica, la Truth and Reconciliation Commission (1996–1998) convirtió testimonios en recomendaciones de reparaciones y reformas, mostrando que la verdad pública puede sanar y orientar políticas (Final Report, 1998). En Argentina, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo transformaron marchas persistentes en juicios por delitos de lesa humanidad tras la reapertura de causas (2006–), enlazando memoria con justicia. Más cerca en el tiempo, #MeToo (2017) forzó protocolos, líneas de denuncia y cláusulas de responsabilidad en múltiples sectores; y NiUnaMenos (2015–) impulsó alertas, refugios y capacitaciones obligatorias en varios países de la región. En todos los casos, el grito abrió la puerta; la reparación la sostuvo.
Herramientas para reparar
A partir de ahí, las herramientas importan. La justicia restaurativa crea espacios de verdad, reconocimiento y compromisos reparadores, como muestran los macrocasos de la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia (JEP, 2017–). Los presupuestos participativos traducen demandas en inversiones barriales, siguiendo la senda inaugurada en Porto Alegre (1989–). Las comisiones de verdad y los bancos de datos de víctimas convierten historias dispersas en políticas. Y los fondos comunitarios de reparación sostienen becas, salud mental y memoria. Lo decisivo es combinar escucha, diseño participativo y seguimiento público para que la reforma no se quede en promesa.
La palabra como trabajo material
Asimismo, Rich recordó que nombrar es obrar. En On Lies, Secrets, and Silence (1979) y en What Is Found There: Notebooks on Poetry and Politics (1993), defendió la escritura como práctica de desenmascarar y de construir mundo. Y en Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence (1980) mostró cómo el lenguaje puede legitimar o deslegitimar vidas. Así, convertir el silencio en acción empieza por crear vocabularios compartidos del daño y de la reparación, para que lo indecible se vuelva agenda, y la agenda, política pública.
Un itinerario práctico
Por último, un camino posible enlaza seis pasos: escuchar y documentar daños; mapear responsables y aliados; co-diseñar medidas reparadoras; asegurar recursos; formalizar reglas y mecanismos de control; y evaluar con indicadores accesibles. Cuando Oakland creó en 2016 una comisión ciudadana de policía tras movilización sostenida (Measure LL), la protesta devino institución con dientes. Del mismo modo, escuelas y barrios que instauran círculos de diálogo, acuerdos de responsabilidad y fondos de apoyo convierten el clamor en arquitectura de cuidado. Así, la frase de Rich deja de ser consigna y se vuelve método.