Caminar Abiertos: Disposición, Riesgo y Descubrimiento

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Camina hacia lo desconocido con las manos abiertas; el descubrimiento favorece a los dispuestos. — R
Camina hacia lo desconocido con las manos abiertas; el descubrimiento favorece a los dispuestos. — Rabindranath Tagore

Camina hacia lo desconocido con las manos abiertas; el descubrimiento favorece a los dispuestos. — Rabindranath Tagore

El llamado a lo desconocido

La frase de Tagore nos invita, ante todo, a dejar la orilla segura de lo conocido. “Camina hacia lo desconocido” no es solo un consejo poético, sino un desafío a nuestras inercias cotidianas: costumbres, creencias y rutinas que nos impiden explorar nuevas posibilidades. Así como los navegantes que, en tiempos de Cristóbal Colón, se atrevieron a cruzar mares sin mapas completos, también nosotros necesitamos aceptar que no habrá certezas previas, solo una dirección: adelante. Desde este punto de partida, la cita plantea que el descubrimiento no es un premio al azar, sino el resultado de una actitud interior específica.

Las manos abiertas como símbolo de actitud

El detalle de “las manos abiertas” introduce una poderosa metáfora. No se trata de lanzarse al vacío con los puños cerrados, aferrados a nuestros prejuicios, sino de avanzar en una postura de recepción. Con las manos abiertas no podemos sostener armas ni viejos dogmas; únicamente podemos acoger lo nuevo. Este gesto recuerda la práctica zen del “shoshin”, la mente de principiante, que consiste en acercarse a cada experiencia como si fuera la primera vez. De este modo, Tagore sugiere que la apertura no es ingenuidad, sino la condición necesaria para aprender de verdad.

El descubrimiento favorece a los dispuestos

Cuando Tagore afirma que “el descubrimiento favorece a los dispuestos”, se aproxima a la máxima latina “la fortuna favorece a los audaces”. Sin embargo, introduce un matiz importante: no basta la valentía impulsiva; hace falta disposición interior, una voluntad sostenida de aprender. En la historia de la ciencia, figuras como Marie Curie encarnan esta idea: su capacidad de descubrir el radio y el polonio no se debió solo al talento, sino a una entrega persistente a la investigación, incluso en condiciones adversas. Así, la frase señala que el hallazgo surge cuando el deseo de comprender supera el miedo a equivocarse.

Vencer el miedo que paraliza

Para poder caminar hacia lo desconocido, es indispensable confrontar el miedo. Este temor, ya sea al fracaso, al juicio ajeno o a perder lo que tenemos, suele inmovilizarnos. No obstante, Tagore no propone negar el miedo, sino avanzar a pesar de él, con las manos abiertas, sin blindarnos emocionalmente. Historias como la de jóvenes que emigran a otro país con escasos recursos muestran este equilibrio: temen, pero dan el paso. En este sentido, el miedo se transforma en combustible del coraje, y cada paso incierto abre la puerta a un descubrimiento interior: la comprobación de que somos más capaces de lo que creíamos.

Aplicar la enseñanza en la vida diaria

Más allá de lo poético, la frase de Tagore puede guiar decisiones cotidianas. Aceptar un trabajo nuevo, iniciar una amistad diferente o aprender un oficio tardíamente son maneras de caminar hacia lo desconocido. Si lo hacemos con “las manos abiertas”, escuchamos más, preguntamos sin vergüenza y aceptamos correcciones, lo que acelera el aprendizaje. Incluso en contextos educativos, los maestros que promueven el error como parte del proceso invitan a sus alumnos a esta misma disposición. Así, la enseñanza final es clara: el mundo ofrece infinitas oportunidades, pero solo se revelan plenamente a quienes se acercan con curiosidad, humildad y la voluntad de ser transformados.