Encender la risa en habitaciones olvidadas

Lleva luz a las habitaciones que han olvidado la risa — Langston Hughes
El llamado a iluminar lo sombrío
Desde el primer instante, la frase de Langston Hughes suena como una invitación urgente: llevar luz allí donde la risa se ha extinguido. No se trata solo de encender una lámpara, sino de devolver calidez a espacios marcados por el cansancio, la tristeza o la costumbre. Así como en muchos de sus poemas Hughes retrata barrios oscuros atravesados por el blues, aquí sugiere que la claridad verdadera no proviene de la electricidad, sino de la alegría compartida. De este modo, la luz se convierte en símbolo de vitalidad, esperanza y dignidad que debe regresar a los lugares donde la vida cotidiana se ha vuelto demasiado pesada para reír.
Habitaciones como metáfora del alma colectiva
Al hablar de “habitaciones”, la cita parece ir más allá del espacio físico. Podemos entender esos cuartos como mentes, familias, comunidades o incluso países enteros que han aprendido a vivir sin humor. De forma semejante a cómo Hughes describe las casas humildes en su célebre poema “Harlem” (1951), estas habitaciones conservan huellas de sueños pospuestos y voces acalladas. Sin embargo, al mismo tiempo, la imagen sugiere que lo cerrado puede abrirse: una puerta se entreabre, una ventana deja pasar el sol, alguien entra e interrumpe la inercia. Así, los espacios internos y externos se conectan, mostrando que lo íntimo y lo social se oscurecen o se iluminan juntos.
La risa como resistencia y memoria
Si las habitaciones han olvidado la risa, es porque algo —dolor, injusticia, miedo— la ha expulsado. Precisamente por eso, la risa no aparece aquí como simple entretenimiento, sino como un acto de resistencia frente a lo que oprime. En la tradición afroestadounidense que Hughes ayudó a consolidar durante el Renacimiento de Harlem, el humor convive con la denuncia: chistes, canciones y bromas sirven para recordar que la humanidad de un pueblo no puede ser reducida al sufrimiento. De esta manera, cuando la frase pide llevar luz, también exige rescatar la memoria de esa alegría que existió antes de la opresión y que sigue latiendo, aunque parezca dormida.
La responsabilidad de quienes pueden encender luces
La expresión “lleva luz” también interpela directamente a quien la escucha o la lee. No se limita a constatar que hay oscuridad: asigna una tarea. Como en muchos textos de Hughes donde el yo poético conversa con su comunidad —por ejemplo, en “Let America Be America Again” (1935)—, la voz no se coloca por encima de los demás, sino a su lado, impulsando a la acción. Así, se nos sugiere que cada persona posee alguna forma de luz: una palabra amable, un gesto solidario, una historia que haga sonreír. En consecuencia, la cita plantea una ética cotidiana: si detectamos un lugar en penumbra emocional, no basta con compadecerse; es preciso involucrarse y colaborar en la recuperación de la risa perdida.
Transformar la vida cotidiana a través de pequeños destellos
Llevar luz no siempre implica grandes gestos heroicos; con frecuencia, comienza por detalles discretos. Un saludo sincero al vecino, una conversación que rompe el silencio en la mesa, una canción puesta en medio de una jornada rutinaria pueden convertirse en esos primeros rayos que penetran la habitación apagada. Del mismo modo en que, en los poemas de Hughes, una simple melodía de jazz altera el ánimo de todo un bar, un pequeño destello de humanidad puede cambiar el clima emocional de un hogar o un aula. Así, la cita nos anima a entender que la transformación social suele iniciarse en lo cotidiano, cuando alguien se atreve a encender una chispa donde otros se han acostumbrado a la penumbra.
Hacia una comunidad que no olvida la alegría
Finalmente, la frase apunta a un horizonte más amplio: una comunidad donde ninguna habitación permanezca demasiado tiempo sin risa. Este ideal no niega el dolor ni las injusticias; al contrario, reconoce que la alegría compartida es una fuente de energía para enfrentarlos. Igual que en la obra de Hughes la música, el baile y las carcajadas coexisten con la crítica social, aquí se sugiere que una vida plena exige ambas dimensiones. Cuando la luz de la risa vuelve a circular por los espacios privados y públicos, se fortalece el tejido que une a las personas. De ese modo, llevar luz se convierte en una tarea continua: mantener vivos los lugares donde el futuro todavía puede imaginarse entre sonrisas.