Una vida plena: utilidad, coraje y belleza

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Hacer lo útil, decir lo valiente, contemplar lo bello: eso basta para la vida de un hombre. — W. H. Auden

Tres verbos para definir una vida

La frase de W. H. Auden condensa la vida humana en tres acciones: hacer lo útil, decir lo valiente y contemplar lo bello. No habla de acumular riquezas ni de alcanzar fama, sino de una forma de estar en el mundo que combina acción, palabra y mirada. Esta síntesis sugiere que lo que realmente basta no es tener, sino cómo actuamos, qué defendemos y qué somos capaces de apreciar. Así, desde el inicio queda clara una ética sencilla pero exigente: vivir bien implica ser funcional para los demás, honesto en el discurso y sensible a la belleza.

Hacer lo útil: la ética de la acción

En primer lugar, Auden menciona la utilidad, pero no en un sentido frío o puramente económico. Hacer lo útil implica contribuir de algún modo al bien común, ya sea reparando un objeto, enseñando a un niño o escuchando a un amigo. Como sugería Aristóteles en la *Ética a Nicómaco*, la virtud se manifiesta en actos concretos que mejoran la vida compartida. De este modo, la utilidad no se opone a la dignidad, sino que la encarna: ser útil es salir del encierro del yo y volverse necesario, aunque sea modestamente, para alguien más.

Decir lo valiente: la integridad en la palabra

Tras la acción viene la palabra: decir lo valiente. Esta expresión apunta a una forma de coraje moral que se hace visible al hablar. No se trata de agresividad, sino de asumir el riesgo de expresar la verdad cuando el silencio es más cómodo. En contextos de injusticia, por ejemplo, callar puede ser una forma de complicidad. Por eso, al igual que en los ensayos de George Orwell sobre el lenguaje político, Auden nos recuerda que las palabras nunca son neutras. Decir lo valiente es usar la voz para proteger lo que importa, incluso cuando puede traer rechazo o pérdida.

Contemplar lo bello: la necesidad de la admiración

Finalmente, Auden incorpora un gesto aparentemente pasivo: contemplar lo bello. Sin embargo, este acto completa los anteriores porque sitúa al ser humano más allá de la pura utilidad y del puro conflicto. Contemplar la belleza —en el arte, en la naturaleza o en las personas— purifica la mirada y ensancha el espíritu, como defendía Kant en su *Crítica del juicio*, donde la experiencia estética abre un espacio de libertad interior. Así, la contemplación no es evasión, sino reposo lúcido: permite recuperar fuerzas para seguir actuando y hablando con sentido.

El equilibrio entre hacer, decir y contemplar

Al reunir estas tres dimensiones, la cita propone una especie de triángulo vital. Solo hacer lo útil podría conducir al agotamiento o al servilismo; solo decir lo valiente, a la retórica vacía; solo contemplar lo bello, al aislamiento estético. Pero al combinarlas, se dibuja una vida equilibrada: actuamos para mejorar el mundo, hablamos para defender la verdad y nos detenemos para admirar aquello que lo hace habitable. De esta forma, la fórmula de Auden funciona como brújula práctica: si en nuestro día hubo algo útil, alguna palabra valiente y un instante de belleza, quizá ya hemos vivido bastante bien.

Una suficiencia humilde frente a la ambición ilimitada

En último término, cuando Auden afirma “eso basta para la vida de un hombre”, introduce una noción de suficiencia que desafía la ambición sin límite. En una cultura que empuja al rendimiento perpetuo, su frase invita a redefinir el éxito: no como exceso, sino como plenitud sobria. Esta perspectiva se emparenta con la idea estoica de vivir conforme a la naturaleza, donde la excelencia radica en la virtud más que en los resultados externos. Así, la cita no solo describe un ideal, sino que también libera: sugiere que no necesitamos todo, sino solo aquello que nos hace útiles, valientes y capaces de asombro.