Convertir Obstáculos en Peldaños Hacia la Cima
Convierte el peso de los obstáculos en peldaños bajo tus pies. — W. H. Auden
El núcleo de la metáfora
La frase de W. H. Auden propone una transformación radical: no se trata solo de superar los obstáculos, sino de convertir su peso en la base misma de nuestro ascenso. La imagen es clara: aquello que parecía hundirnos, se coloca bajo nuestros pies y nos eleva. Así, el problema deja de ser un muro frente a nosotros para volverse un peldaño debajo de nosotros. Esta metáfora invita a reconsiderar la relación con la dificultad: no como algo externo que hay que evitar, sino como un material que, bien usado, construye nuestro propio camino.
Reencuadrar la adversidad
A partir de esta imagen, el primer cambio necesario es mental: pasar de la queja al reencuadre. La psicología cognitiva, desde Aaron Beck (1967), muestra cómo la interpretación de los hechos influye más que los hechos mismos en nuestro bienestar. Si vemos cada tropiezo como una prueba de incapacidad, el peso nos aplasta; si lo vemos como información y entrenamiento, el peso se vuelve resistencia útil, como en un gimnasio. Así, el reencuadre no niega el dolor ni la dificultad, pero les asigna un nuevo sentido: el de materia prima para crecer.
Resiliencia: del golpe al aprendizaje
Sobre este cambio de mirada se construye la resiliencia: la capacidad de recuperarse y fortalecerse tras la adversidad. Estudios de Emmy Werner (1992) con niños en contextos muy duros mostraron que muchos no solo sobrevivían, sino que desarrollaban competencias excepcionales. El punto en común era cómo interpretaban y usaban sus dificultades. En la lógica de Auden, cada golpe puede ser tallado hasta volverse un peldaño, siempre que exista la decisión de aprender algo de él, por pequeño que sea. Así, la crisis deja de ser solo ruptura y se convierte también en taller interior.
Ejemplos cotidianos de peldaños ocultos
Esta transformación no ocurre solo en biografías heroicas; también aparece en lo cotidiano. Una pérdida de empleo puede empujar a alguien a formarse en una nueva área y descubrir un talento latente; un fracaso amoroso puede convertirse en ocasión para revisar patrones emocionales y establecer límites más sanos. Victor Frankl, en “El hombre en busca de sentido” (1946), mostró cómo incluso en condiciones extremas era posible encontrar un para qué. De forma más modesta, cada dificultad diaria contiene un pequeño para qué que, si se identifica, se traduce en un peldaño más en nuestra escalera personal.
Del victimismo a la autoría de la propia vida
Para que los obstáculos se conviertan verdaderamente en peldaños, es necesario abandonar el rol de víctima pasiva y asumir el de autor de la propia historia. Esto no significa culparse de todo, sino preguntarse: “¿Qué puedo hacer con esto, aunque no lo haya elegido?”. Esta pregunta desplaza el foco desde el peso del obstáculo hacia la acción posible. Así, pasamos de ser arrastrados por las circunstancias a utilizarlas como impulso. En última instancia, la propuesta de Auden es un llamado a la responsabilidad creativa: usar el peso que nos toca cargar para construir, paso a paso, la escalera de nuestra propia vida.
Practicar la conversión del peso en impulso
Finalmente, esta actitud se entrena con prácticas concretas. Por ejemplo, al terminar el día, podemos preguntarnos: “¿Qué dificultad tuve hoy y qué pequeño peldaño salió de ella?”. Este ejercicio, similar al “examen de conciencia” ignaciano, educa la mirada para detectar oportunidades donde antes solo veíamos trabas. Con el tiempo, esta práctica va instalando un reflejo: cada vez que aparece un obstáculo, se activa también la pregunta por el uso posible de ese peso. Así, poco a poco, el camino deja de ser una sucesión de golpes y se vuelve una escalera hecha, precisamente, con las piedras que un día tropezamos.