Contratiempos como andamios para crecer sin miedo

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Convierte los contratiempos en andamios; escala la estructura que antes temías. — Simone de Beauvoir
Convierte los contratiempos en andamios; escala la estructura que antes temías. — Simone de Beauvoir

Convierte los contratiempos en andamios; escala la estructura que antes temías. — Simone de Beauvoir

La metáfora que cambia el sentido del tropiezo

La frase propone una inversión deliberada: lo que normalmente se percibe como obstáculo se reimagina como herramienta. Un “contratiempo” deja de ser pared y se vuelve andamio, es decir, una estructura provisional que existe para permitir el ascenso. En esa imagen hay una ética práctica: no se trata de negar el dolor o la incomodidad, sino de preguntarse qué sostiene ese evento y qué altura puede habilitar. A partir de ahí, la segunda parte —“escala la estructura que antes temías”— introduce continuidad narrativa: el miedo no desaparece por decreto, pero puede convertirse en el punto de partida del movimiento. El miedo señala una zona de crecimiento; el andamio ofrece un método para entrar en ella sin esperar condiciones perfectas.

Beauvoir y la libertad que se construye

Leída en clave beauvoiriana, la idea encaja con el existencialismo: la libertad no es un estado cómodo, sino una tarea que se hace en circunstancias concretas. Simone de Beauvoir en *El segundo sexo* (1949) insiste en que la existencia se vive entre límites y posibilidades, y que el sujeto se realiza mediante proyectos, no mediante esencias fijas. Convertir contratiempos en andamios es, entonces, transformar una limitación en material para el proyecto. Por eso la frase no suena a consuelo, sino a exigencia: si lo dado pesa, no basta con padecerlo. El giro consiste en apropiarse de la experiencia, reorganizarla y decidir qué escalón puede ofrecer, aunque sea improvisado y temporal.

Del miedo a la práctica: subir por tramos

La imagen del andamio sugiere progreso gradual: nadie “salta” de golpe a la cima, se asciende por niveles. Esa gradualidad es importante porque conecta con cómo funciona el miedo: suele exagerar el todo y bloquear el primer paso. Frente a ello, la frase ofrece una estrategia implícita: fragmentar el desafío en tramos que puedan ejecutarse. En la vida cotidiana esto se ve en historias pequeñas pero reveladoras: alguien pierde un empleo y, en lugar de leerlo solo como rechazo, lo usa para actualizar habilidades, tejer contactos y redefinir su rumbo; el contratiempo se convierte en estructura de transición. Lo temido —la incertidumbre— no desaparece, pero se vuelve escalable cuando se convierte en secuencia de acciones.

Resignificar sin romantizar el dolor

Sin embargo, convertir no es adornar. La frase funciona mejor si se evita la tentación de romantizar el sufrimiento, como si todo revés fuera “bueno” por sí mismo. Un andamio también es incómodo, inestable y requiere cuidado; del mismo modo, hay contratiempos que dejan pérdidas reales y necesitan duelo, apoyo y tiempo. Precisamente por eso la metáfora es útil: no promete que la estructura sea bonita ni permanente, solo que puede servir. La resignificación madura no niega lo duro, lo integra; y al integrarlo, habilita una pregunta práctica: ¿qué parte de esto puedo reutilizar para sostenerme mientras avanzo?

La acción como respuesta ética al mundo

A medida que la frase avanza de “convierte” a “escala”, el énfasis se desplaza del significado a la conducta. No basta con interpretar el contratiempo de otro modo; hay que subir. En términos existencialistas, esa subida es elección y responsabilidad: se decide actuar aun cuando el terreno no ofrece garantías. Además, la ética que asoma es relacional: al construir andamios propios, también se aprende a reconocer los ajenos. Beauvoir en *La ética de la ambigüedad* (1947) defiende una libertad situada que convive con la de los demás; crecer no es escapar del mundo, sino intervenir en él. Así, cada escalón personal puede convertirse, indirectamente, en una estructura más habitable para otros.

Hacia una valentía entrenada, no milagrosa

Finalmente, “la estructura que antes temías” sugiere que el objeto del miedo puede mantenerse igual mientras cambia el sujeto: ahora está más entrenado, más consciente, más preparado para el riesgo. La valentía aparece como hábito, no como epifanía. El andamio, al ser provisional, recuerda que el avance se hace mientras la vida ocurre, no cuando todo se resuelve. De ahí que el cierre implícito sea esperanzador pero sobrio: el crecimiento no exige ausencia de temor, sino disposición a construir apoyo con lo disponible y a usarlo para subir. El contratiempo deja de ser final de ruta y se vuelve inicio de arquitectura.