Elegir curiosidad sobre miedo para crear milagros

Crea hoy un pequeño milagro eligiendo la curiosidad en lugar del miedo. — Paulo Coelho
El poder de una elección cotidiana
La frase de Paulo Coelho nos invita a ver cada día como una encrucijada silenciosa: podemos responder al mundo desde el miedo o desde la curiosidad. No se trata de grandes gestas heroicas, sino de una decisión íntima que se repite en detalles mínimos: qué preguntar, a qué decir sí, qué nos atrevemos a intentar. Así, la palabra ‘milagro’ deja de ser algo sobrenatural y se transforma en el efecto acumulado de pequeñas elecciones valientes.
Del miedo paralizante a la curiosidad que abre caminos
Para comprender el alcance de esta propuesta, primero hay que reconocer que el miedo tiende a encerrarnos; nos hace repetir rutinas, evitar riesgos y defender lo conocido. La curiosidad, en cambio, abre puertas: pregunta, explora, prueba. En “El alquimista” (1988), Coelho muestra este tránsito en el viaje del pastor Santiago, que abandona la seguridad de su vida para seguir un presentimiento. Esa curiosidad lo expone a peligros, pero también a aprendizajes que jamás habría imaginado.
La curiosidad como antídoto emocional
Además, la curiosidad funciona como un antídoto emocional frente al miedo porque cambia la pregunta que nos hacemos. En lugar de “¿y si sale mal?”, propone “¿qué puedo aprender de esto?”. La psicología contemporánea, desde la psicología positiva de Martin Seligman hasta los estudios sobre ‘mindfulness’, destaca que un enfoque curioso reduce la ansiedad al desplazar el foco de la amenaza hacia el descubrimiento. No se niega el miedo, pero se lo transforma en energía para explorar.
Milagros discretos en la vida diaria
Si seguimos esta lógica, los ‘milagros’ de los que habla Coelho son discretos pero profundos. Ocurren cuando nos atrevemos a iniciar una conversación incómoda con genuino interés, a cambiar de rumbo profesional guiados por una pregunta interna, o a escuchar a alguien que piensa distinto sin la coraza del prejuicio. Igual que en muchas parábolas espirituales, el cambio parece pequeño desde fuera, pero por dentro marca un antes y un después: nos descubrimos más amplios de lo que creíamos.
Cultivar un hábito de asombro consciente
Para crear estos pequeños milagros de forma sostenida, la curiosidad debe convertirse en hábito. Esto implica entrenar la mirada para encontrar algo nuevo incluso en lo cotidiano: observar el trayecto de siempre con otros ojos, leer autores que nos cuestionen, preguntar por las historias detrás de las personas. Como muestran los relatos de búsqueda interior en libros como “Brida” (1990), cuando el asombro se vuelve una práctica, la vida deja de ser un escenario fijo y se convierte en un laboratorio de sentido.
Un milagro disponible aquí y ahora
Finalmente, Coelho subraya la palabra “hoy” para recordarnos que esta posibilidad no es teórica ni lejana. No exige condiciones ideales, solo una disposición distinta ante la próxima situación que nos dé temor: hacer esa llamada, iniciar ese proyecto, admitir que no sabemos y preguntar. Así, la curiosidad se vuelve una forma cotidiana de espiritualidad práctica: no cambia mágicamente el mundo exterior, pero transforma nuestra manera de habitarlo, y en esa transformación íntima aparece el verdadero milagro.