Cambiar comodidad por curiosidad para crecer

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Cambia la comodidad por la curiosidad; las nuevas habilidades pagan el interés más rico — Paulo Coel
Cambia la comodidad por la curiosidad; las nuevas habilidades pagan el interés más rico — Paulo Coelho

Cambia la comodidad por la curiosidad; las nuevas habilidades pagan el interés más rico — Paulo Coelho

El gesto inicial: salir del refugio

La frase de Paulo Coelho plantea un intercambio deliberado: abandonar la comodidad —ese lugar donde todo es predecible— para elegir la curiosidad, que por definición abre preguntas y provoca movimiento. No se trata de sufrir por sufrir, sino de renunciar a la ilusión de control absoluto para ganar margen de descubrimiento. A partir de ahí, el mensaje invita a mirar la comodidad como un “costo de oportunidad”: mientras más tiempo permanecemos en lo conocido, más retrasamos experiencias que podrían ampliar nuestras capacidades. Ese cambio de postura es pequeño en apariencia, pero suele marcar el inicio de aprendizajes grandes.

La curiosidad como motor de aprendizaje

Una vez que damos ese paso, la curiosidad funciona como una brújula interna: nos empuja a explorar, a hacer pruebas, a tolerar el “no sé” sin huir de él. En educación y psicología se ha observado que la curiosidad incrementa la atención y la retención; por ejemplo, investigaciones sobre “curiosity-driven learning” muestran que el interés previo prepara al cerebro para aprender mejor (Kang et al., 2009). Así, la curiosidad no es un rasgo decorativo, sino una estrategia. Donde la comodidad busca estabilidad, la curiosidad busca información; y esa información, con el tiempo, se convierte en competencia.

Habilidades nuevas como inversión con interés

Coelho remata con una metáfora financiera: “las nuevas habilidades pagan el interés más rico”. La idea es que aprender no solo produce un beneficio puntual, sino acumulativo. Una habilidad adquirida hoy puede habilitar otra mañana; y ambas, combinadas, generan resultados que no se obtienen por separado. Piénsese en alguien que aprende a escribir con claridad: esa sola destreza mejora presentaciones, entrevistas, liderazgo y negociación. Con el tiempo, el “interés” aparece como oportunidades que se multiplican: mejores proyectos, redes más amplias o decisiones más informadas.

El papel del riesgo y el error

Sin embargo, cambiar comodidad por curiosidad implica aceptar fricción: sentirse torpe, cometer errores, avanzar más lento que otros. Aquí la frase sugiere una ética del aprendizaje donde el error no es señal de incapacidad, sino evidencia de exploración. En ese sentido, el crecimiento suele estar más cerca de la incomodidad manejable que de la seguridad total. Además, esa tolerancia al fallo reduce el miedo a empezar. Cuando la persona entiende que equivocarse es parte del “precio” de la habilidad, la ansiedad disminuye y la práctica se vuelve sostenible.

El interés compuesto del hábito

A continuación, la metáfora del interés se vuelve aún más literal cuando pensamos en hábitos. No se aprende por un acto heroico aislado, sino por repetición con intención. Igual que el interés compuesto, pequeñas sesiones constantes terminan superando esfuerzos grandes pero esporádicos. Un ejemplo común es el idioma: quince minutos diarios durante un año suelen rendir más que dos fines de semana intensivos al mes. La curiosidad mantiene viva la motivación (“¿qué más puedo entender?”) y la rutina convierte esa motivación en progreso observable.

Traducción práctica: microexploraciones

Finalmente, el consejo puede aterrizarse sin dramatismo: sustituir un tramo de comodidad por una pregunta concreta. En lugar de “debo reinventarme”, basta con “¿qué habilidad me daría más opciones en seis meses?”. A partir de ahí, se elige un experimento pequeño: tomar un curso corto, construir un proyecto mínimo o pedir mentoría puntual. De este modo, la frase deja de ser inspiración abstracta y se convierte en método. La curiosidad abre la puerta, la práctica sostiene el camino y las nuevas habilidades, con el tiempo, devuelven ese esfuerzo en forma de un interés verdaderamente rico: libertad para elegir mejor.