Curiosidad como impulso, comodidad como ancla

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Deja que la curiosidad te impulse hacia adelante; la comodidad te mantiene en su sitio. — bell hooks
Deja que la curiosidad te impulse hacia adelante; la comodidad te mantiene en su sitio. — bell hooks

Deja que la curiosidad te impulse hacia adelante; la comodidad te mantiene en su sitio. — bell hooks

El contraste que revela una elección

bell hooks condensa en una sola frase una tensión cotidiana: avanzar o quedarse. La curiosidad aparece como una fuerza de movimiento, casi un motor interno que empuja a explorar, preguntar y probar; en cambio, la comodidad se presenta como un estado que, sin ser necesariamente negativo, tiende a inmovilizar. Así, la cita no demoniza el bienestar, pero sí advierte su efecto: cuando todo “funciona”, disminuye el incentivo de cambiar. Desde el inicio, el mensaje se lee como una invitación a notar qué nos guía en cada decisión. ¿Buscamos aprender algo nuevo o preservar lo conocido? Esa pregunta, sencilla en apariencia, abre el resto del argumento: el crecimiento no suele ocurrir donde no hay fricción.

Curiosidad: una práctica de apertura

A continuación, la curiosidad se entiende menos como rasgo innato y más como práctica. No es solo “tener interés”, sino entrenarse para formular mejores preguntas, tolerar la incertidumbre y mirar lo familiar con ojos nuevos. En educación crítica, hooks defendió el aprendizaje como experiencia viva, donde el aula debía ser un espacio de diálogo y descubrimiento; su énfasis en la curiosidad encaja con esa pedagogía que no acepta respuestas automáticas. Por eso, la curiosidad impulsa hacia adelante: produce pequeñas acciones acumulativas—leer algo fuera de la zona habitual, conversar con alguien que piensa distinto, intentar un método nuevo—que, con el tiempo, redibujan el mapa personal.

Comodidad: refugio que puede volverse jaula

Sin embargo, el otro polo de la frase merece matices. La comodidad también es descanso, seguridad y cuidado; nadie puede vivir en permanente riesgo. El problema surge cuando se convierte en criterio único: si lo “cómodo” decide por nosotros, entonces el costo oculto es la reducción de posibilidades. Es el momento en que la rutina se transforma en inercia. En términos prácticos, se nota cuando evitamos postular a un trabajo por miedo a no encajar, o cuando aplazamos una conversación difícil para mantener la calma superficial. De este modo, la comodidad mantiene “en su sitio” no porque sea malvada, sino porque recompensa la repetición.

El precio del estancamiento y la promesa del cambio

A partir de ese contraste, la cita sugiere que el estancamiento no siempre se siente como pérdida; a menudo se siente como tranquilidad. No obstante, con el tiempo, lo que no se explora se estrecha: disminuye la creatividad, se endurecen las opiniones y se vuelve más difícil imaginar alternativas. En cambio, la curiosidad, aunque incomode, amplía el repertorio de respuestas ante la vida. Aquí aparece un giro importante: avanzar no equivale a moverse rápido, sino a moverse con intención. Un paso pequeño motivado por curiosidad—hacer una pregunta honesta, aprender una herramienta, revisar una creencia—puede ser más transformador que grandes planes sostenidos solo por la presión externa.

Curiosidad también como postura ética

Además, en la obra de hooks la curiosidad no es neutral: puede ser una postura ética frente al mundo. Preguntar “¿por qué es así?” y “¿a quién beneficia?” introduce conciencia crítica, especialmente ante estructuras de poder naturalizadas. En ese sentido, la comodidad puede funcionar como anestesia social: si algo no me afecta de inmediato, puedo preferir no verlo. Por el contrario, la curiosidad empuja a ampliar empatía y comprensión. Implica escuchar experiencias ajenas sin apresurarse a defender la propia, y reconocer que el conocimiento no se agota en lo que ya se sabe. Así, avanzar también significa volverse más responsable.

Cómo convertir la frase en hábito diario

Finalmente, la cita se vuelve más útil cuando se traduce en decisiones pequeñas y repetibles. Una regla simple es preguntarse, antes de elegir: “¿Esto lo hago por curiosidad o por comodidad?” Si la respuesta es comodidad, no siempre hay que rechazarla; a veces es autocuidado. Pero si se repite demasiado, conviene introducir una dosis mínima de exploración. Por ejemplo, dedicar quince minutos a aprender algo que incomoda, pedir retroalimentación aunque dé vergüenza, o iniciar una conversación postergada. Con el tiempo, la curiosidad deja de ser un impulso ocasional y se convierte en dirección: no elimina la comodidad, pero evita que gobierne.