Curiosidad liberada: romper el cerrojo de los hábitos

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Deja que la curiosidad rompa el cerrojo de tus hábitos. — Rumi
Deja que la curiosidad rompa el cerrojo de tus hábitos. — Rumi

Deja que la curiosidad rompa el cerrojo de tus hábitos. — Rumi

El llamado de Rumi a abrir la puerta

Rumi nos invita con esta frase a imaginar la mente como una puerta cerrada por un cerrojo de costumbres y repeticiones. Sus palabras sugieren que, aunque los hábitos dan sensación de seguridad, también pueden encadenar la creatividad y la conciencia. Así, desde el inicio, el verso plantea una tensión entre la comodidad de lo conocido y el impulso profundo de explorar lo que aún no comprendemos. A diferencia de una crítica frontal a la rutina, Rumi propone una llave distinta: la curiosidad, entendida no como simple deseo de saber, sino como fuerza espiritual capaz de abrir nuevas dimensiones de experiencia.

Hábitos: refugio necesario y prisión invisible

A partir de esta imagen del cerrojo, podemos reconocer que los hábitos cumplen una doble función. Por un lado, el automatismo diario —levantarse a la misma hora, repetir tareas, responder siempre igual— nos ahorra energía mental y proporciona estabilidad; William James ya describía los hábitos como ‘la enorme volante de inercia de la sociedad’ (1890). Sin embargo, cuando se vuelven rígidos, comienzan a limitarnos: dejamos de cuestionar, de probar otros caminos, de escuchar perspectivas distintas. En ese punto, el refugio se transforma en prisión silenciosa, y la vida corre riesgo de volverse predecible hasta el tedio.

La curiosidad como llave que transforma

Frente a esta rigidez, Rumi propone que sea la curiosidad la que rompa el cerrojo. No se trata de un golpe violento, sino de una energía insistente que pregunta: “¿Y si fuera de otra manera?”. En la tradición sufí, a la cual pertenece Rumi, esa curiosidad es un anhelo del alma por ir más allá de las apariencias, muy similar al asombro filosófico del que habla Platón en la *Teeteto* (c. 369 a. C.), cuando afirma que el origen de la filosofía es el asombro. Así, la curiosidad no solo nos lleva a aprender datos nuevos, sino que erosiona poco a poco las certezas que ya no nos sirven, abriendo espacio a una comprensión más amplia de nosotros mismos.

Del piloto automático a la presencia consciente

Cuando la curiosidad entra en juego, incluso los gestos cotidianos cambian de textura. Comer, caminar o conversar dejan de ocurrir en piloto automático, porque surge la pregunta: “¿Qué estoy experimentando realmente ahora?”. Esta transición del hábito inconsciente a la atención curiosa recuerda a las prácticas contemplativas que observan la respiración o los pensamientos sin juzgarlos, como describe Thich Nhat Hanh en *El milagro de mindfulness* (1975). De este modo, la curiosidad se convierte en una forma de presencia que ilumina lo que antes pasaba desapercibido, permitiendo que la rutina se vuelva un laboratorio de descubrimiento en lugar de una cadena de repeticiones vacías.

Explorar nuevos caminos internos y externos

Al romper el cerrojo de los viejos hábitos, no solo cambiamos lo que hacemos, sino también cómo nos percibimos. Probar una nueva habilidad, cuestionar una creencia heredada o escuchar con apertura a quien piensa diferente son pequeños actos de rebeldía curiosa que reconfiguran nuestra identidad. En los versos de Rumi, este impulso se asocia a un viaje interior, muy cercano al héroe que Joseph Campbell describe en *El héroe de las mil caras* (1949), cuando cruza el umbral hacia lo desconocido. Del mismo modo, cada gesto guiado por la curiosidad nos saca de nuestra zona de confort y nos conduce hacia versiones más amplias y honestas de nosotros mismos.

Una disciplina de curiosidad para la vida diaria

Finalmente, la frase de Rumi puede entenderse como una invitación práctica a cultivar una disciplina de curiosidad. En lugar de intentar destruir todos nuestros hábitos, se trata de introducir preguntas vivas en medio de ellos: “¿Por qué reacciono así?”, “¿Qué no estoy viendo?”, “¿Qué pasaría si cambiara un detalle hoy?”. Esta actitud conecta con investigaciones contemporáneas donde la psicóloga Carol Dweck habla de la ‘mentalidad de crecimiento’ (*Mindset*, 2006), que ve cada situación como oportunidad de aprender. Así, la curiosidad deja de ser un destello ocasional y se vuelve una forma sostenida de vivir: una fuerza suave, pero constante, que mantiene el cerrojo de nuestros hábitos siempre a punto de abrirse.