Calma silenciosa para cuidar la tierra herida
Mantén una calma silenciosa; las tormentas pasan y la tierra aún necesita ser cuidada. — Thich Nhat Hanh
El mensaje central de la calma activa
La frase de Thich Nhat Hanh propone algo más profundo que simplemente esperar a que pase la tormenta: invita a mantener una calma silenciosa que, lejos de ser pasividad, se convierte en una base para la acción lúcida. Así, mientras las crisis irrumpen y parecen arrasar con todo, el mundo sigue necesitando manos atentas y corazones disponibles. De este modo, la serenidad se transforma en una condición necesaria para continuar cuidando la vida, incluso cuando el ruido exterior pretende imponerse.
Las tormentas como metáfora del sufrimiento
Al hablar de tormentas, el maestro zen alude tanto a desastres externos como a conflictos internos: guerras, crisis climáticas, ansiedad, ira o desesperanza. En su obra “El milagro de mindfulness” (1975), Thich Nhat Hanh explica que las emociones intensas son como tormentas pasajeras que atraviesan el cielo de la mente. Sin embargo, al igual que ninguna tormenta es eterna, el sufrimiento también se transforma. Reconocer su carácter transitorio nos permite no identificarnos por completo con él y, por ende, no paralizarnos cuando más se requiere nuestra presencia consciente.
La calma silenciosa como práctica de atención plena
Esta calma silenciosa no es una quietud muerta, sino la atención plena que se mantiene estable como una montaña mientras los vientos soplan alrededor. En “El corazón de las enseñanzas de Buda” (1998), Thich Nhat Hanh describe la respiración consciente como ancla para volver al momento presente. A través de ella, podemos observar pensamientos y emociones sin reaccionar impulsivamente. De esta manera, la serenidad interior se convierte en una herramienta concreta para responder a las dificultades con claridad, en lugar de alimentarlas con miedo o violencia.
Cuidar la tierra en medio de la crisis
La segunda parte de la cita recuerda que, mientras las tormentas vienen y van, la tierra sigue necesitando cuidado. Esto alude tanto al planeta físico como a la comunidad humana que lo habita. En su propuesta de “interser”, Thich Nhat Hanh muestra que no estamos separados del suelo que pisamos, del aire que respiramos ni de las personas con quienes convivimos. Por ello, incluso en medio de la incertidumbre, sigue siendo urgente regar un huerto, reciclar, escuchar a un vecino o acompañar a quien sufre. Así, la calma interior se manifiesta en actos cotidianos de responsabilidad y ternura.
Del miedo paralizante al compromiso compasivo
Cuando predominan el miedo y el caos, es fácil caer en la parálisis o el cinismo. Sin embargo, la enseñanza de Thich Nhat Hanh sugiere un giro: usar la calma para sostener un compromiso compasivo. Primero nos estabilizamos por dentro; luego, desde ahí, miramos qué necesita ser hecho. Este cambio recuerda la ética del “budismo comprometido” que él desarrolló durante la guerra de Vietnam: monjes y monjas meditaban, pero también reconstruían aldeas y cuidaban heridos. Así, la serenidad deja de ser refugio escapista y se convierte en fuente de acción lúcida.
Integrar silencio, esperanza y responsabilidad diaria
Finalmente, la frase nos conduce a una síntesis: el silencio interior no ignora la tormenta, pero tampoco se rinde ante ella. Más bien, la contempla, reconoce su fuerza y, al mismo tiempo, recuerda que la vida continúa pidiendo cuidado en cada rincón. Desde lavar un plato con plena atención hasta participar en iniciativas ecológicas o sociales, cada gesto puede brotar de esa calma. De este modo, la esperanza deja de ser una idea abstracta y se vuelve práctica diaria: mientras el cielo se aclara, seguimos cuidando la tierra con paciencia y perseverancia.