Transformar el “todavía no” en impulso presente
Convierte el dolor del “todavía no” en el motor del ahora. — Simone de Beauvoir
El filo emocional del “todavía no”
La frase condensa una experiencia común: el “todavía no” duele porque abre un hueco entre lo deseado y lo vivido. No es solo una demora en el calendario, sino una sensación de suspensión, como si la vida quedara en pausa mientras llega una condición ideal. En esa espera, el futuro parece más real que el presente. Sin embargo, Beauvoir sugiere que ese dolor no es un enemigo que deba anestesiarse, sino una señal. Y precisamente porque incomoda, puede volverse energía: el malestar indica que algo importa, que existe un proyecto, un vínculo o una vocación que empuja. A partir de ahí, la pregunta deja de ser “¿cuándo?” y pasa a ser “¿qué hago hoy con esto?”
Libertad y proyecto: un giro existencialista
En continuidad con su pensamiento, Beauvoir suele insistir en que la libertad no es un estado abstracto, sino una práctica situada: se ejerce en condiciones reales, con límites, riesgos y ambigüedades. En The Ethics of Ambiguity (1947), plantea que nuestra existencia se realiza en proyectos que elegimos y sostenemos, aun sin garantías. Así, el “todavía no” puede leerse como tentación de postergar la propia agencia: esperar la aprobación, el momento perfecto, la versión mejorada de uno mismo. La frase invierte esa lógica y propone un salto: convertir la carencia en acto. No niega la dificultad; la transforma en materia prima para el compromiso con el presente.
Del deseo ideal al gesto concreto
El “todavía no” suele venir acompañado de imágenes grandiosas: el trabajo soñado, la relación perfecta, el cuerpo ideal, la vida ordenada. Pero cuanto más total es la fantasía, más paraliza. Por eso, el motor del ahora requiere traducir el anhelo en acciones pequeñas y verificables. Un ejemplo cotidiano: alguien que sueña con escribir una novela pero se dice “todavía no, cuando tenga tiempo”. El dolor de esa postergación puede convertirse en motor si se redefine el ahora como un mínimo viable: quinientas palabras diarias, un esquema semanal, un taller mensual. El deseo no pierde altura; gana tracción.
Esperar sin renunciar: paciencia activa
Además, la frase no obliga a fingir que todo depende de uno. Hay “todavía no” legítimos: enfermedades, precariedad, responsabilidades, discriminación, duelos. En esos casos, el motor del ahora no consiste en negar la realidad, sino en practicar una paciencia activa: hacer lo posible mientras se prepara lo necesario. La transición es sutil: del “no puedo hasta que cambie todo” al “¿qué parte sí puedo mover hoy?”. A veces el ahora es aprender, ahorrar, pedir ayuda, crear red, descansar estratégicamente. La espera se vuelve proceso, no estancamiento, y el dolor se reencauza como dirección.
El costo de aplazar la vida
Convertir el “todavía no” en motor también implica reconocer lo que se pierde al postergar: identidad, confianza, continuidad. Cuando una persona vive demasiado tiempo en modo preliminar, el presente se vacía y el futuro se vuelve una promesa abstracta que nunca llega. Esa es una forma silenciosa de renuncia. Por eso, la frase funciona como advertencia y como invitación. Si el dolor del “todavía no” se acumula, se transforma en amargura; si se trabaja, puede convertirse en disciplina, valentía y claridad. En vez de medir la vida por “cuando ocurra”, se la mide por “lo que hoy construyo”.
Una ética del ahora: responsabilidad y sentido
Finalmente, el motor del ahora no es prisa, sino responsabilidad: asumir que el sentido se fabrica en el tiempo presente, con decisiones imperfectas. Esta ética no promete éxito inmediato; promete coherencia. Al actuar hoy, aunque sea en pasos modestos, se reduce la distancia entre el yo que desea y el yo que vive. La propuesta de Beauvoir queda entonces como una técnica de sentido: escuchar el dolor del “todavía no” sin dramatizarlo ni callarlo, y usarlo como combustible para el próximo movimiento. El futuro deja de ser un refugio imaginario y se convierte en una consecuencia; el ahora, en el lugar donde la libertad toma forma.