Cuando el trabajo se convierte en relato vivo
Cuenta historias con tu trabajo; deja que la creación cante las posibilidades que imaginas. — Alice Walker
El trabajo como narrador silencioso
La frase de Alice Walker nos invita a mirar el trabajo no solo como esfuerzo, sino como narrador silencioso de quiénes somos. No se trata únicamente de cumplir tareas, sino de permitir que cada proyecto cuente una historia sobre nuestras preguntas, miedos y esperanzas. Así como en sus novelas, donde los objetos cotidianos revelan mundos interiores, Walker sugiere que lo que hacemos día a día puede convertirse en un relato que otros lean sin necesidad de palabras.
De la ejecución mecánica a la creación significativa
Pasar de trabajar a crear implica un cambio profundo: dejamos de actuar en piloto automático y empezamos a preguntarnos qué queremos decir con lo que hacemos. Un carpintero que solo ensambla muebles cumple un oficio; uno que piensa en la vida que habrá alrededor de esa mesa está contando una historia. Del mismo modo, en *El color púrpura* (1982), los gestos cotidianos de coser o cocinar se transforman en actos de afirmación personal, mostrando que la creación es una forma de hablar cuando la voz no alcanza.
La creación que canta posibilidades
Cuando Walker habla de dejar que la creación “cante”, introduce la idea de una obra que vibra más allá de su función. Un poema, una empresa social o un huerto urbano pueden sugerir futuros posibles: comunidades más justas, ciudades más verdes, relaciones más compasivas. Igual que en las tradiciones orales afroamericanas que Walker recupera, donde los cantos anticipan libertad y resistencia, nuestras creaciones pueden susurrar: “el mundo también podría ser así”. Así, cada trabajo se vuelve una pequeña profecía de cambio.
Historias encarnadas en proyectos concretos
Esta visión se vuelve tangible al observar proyectos que encarnan una narrativa clara. Por ejemplo, las cooperativas agrarias que Walker ha apoyado en el sur de Estados Unidos no solo producen alimentos: cuentan historias de dignidad económica y arraigo comunitario. Del mismo modo, una diseñadora que prioriza materiales reciclados narra, con sus productos, la historia de un futuro menos derrochador. En todos estos casos, la obra no se limita a resolver un problema práctico; también propone una trama ética y emocional.
Imaginación responsable: soñar y responder al mundo
Dejar que la creación cante las posibilidades que imaginamos no implica fantasear sin raíces, sino asumir una imaginación responsable. Walker, influida por el movimiento de los derechos civiles, entiende la imaginación como una obligación de responder al sufrimiento y a la belleza del mundo. Así, las historias que contamos con nuestro trabajo deberían dialogar con la realidad: señalar sus heridas, pero también sus potenciales curaciones. Entre lo que es y lo que podría ser, la obra se convierte en puente.
Elegir conscientemente la historia que queremos contar
Al final, la cita nos plantea una pregunta práctica: ¿qué historia quiero que cuente mi trabajo sobre mí y sobre mi época? No hace falta ser artista: una maestra que fomenta el pensamiento crítico está narrando autonomía; un médico que escucha con paciencia está contando la historia de un cuidado más humano. Al tomar conciencia de esa dimensión narrativa, dejamos de ser personajes arrastrados por la trama y empezamos a ser coautores, permitiendo que cada acto cotidiano contribuya a una canción más amplia de sentido y posibilidad.