Identidad y acción: sembrar proyectos, crecer siendo

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Vive tus proyectos; la identidad crece donde se siembra la acción — José Ortega y Gasset
Vive tus proyectos; la identidad crece donde se siembra la acción — José Ortega y Gasset

Vive tus proyectos; la identidad crece donde se siembra la acción — José Ortega y Gasset

Acción como origen de la identidad

Ortega y Gasset sugiere que no somos algo fijo que luego actúa, sino más bien seres que se van definiendo en lo que hacen. De este modo, la frase “la identidad crece donde se siembra la acción” invierte el orden habitual: primero sembramos acciones, luego recogemos identidad. Así, la persona deja de ser una esencia inmóvil para convertirse en un proyecto en marcha, una biografía en construcción que se va escribiendo a través de decisiones y obras concretas.

El proyecto vital como núcleo del yo

En continuidad con esta idea, “vive tus proyectos” no es un consejo motivacional superficial, sino una invitación filosófica a encarnar un proyecto vital. En obras como “Meditaciones del Quijote” (1914), Ortega afirma que ‘yo soy yo y mi circunstancia’, subrayando que el yo se configura en diálogo con lo que se propone hacer en el mundo. Los proyectos, lejos de ser simples metas exteriores, se convierten entonces en la estructura interna que da coherencia a la propia vida y sostiene la noción de quién se es.

De la pasividad a la siembra deliberada

Pasando del plano teórico al práctico, la metáfora de sembrar acción cuestiona la pasividad. Quien espera primero “descubrirse” para luego actuar queda atrapado en la indecisión. En cambio, sembrar implica iniciativa, riesgo y paciencia: se eligen terrenos, se cuidan procesos y se aceptan tiempos. Como en la agricultura, no todo germina igual, pero cada intento añade experiencia y autoconocimiento. Así, la identidad no aparece de golpe, sino que brota, se corrige y madura según las acciones que se sepa cultivar.

Circunstancia, elección y responsabilidad

No obstante, Ortega no olvida el peso de la circunstancia. Nacemos en un contexto que no elegimos, pero dentro de él decidimos qué proyectos asumir. Esta tensión entre lo dado y lo elegido convierte la acción en un acto de responsabilidad: al optar por un camino, descartamos otros y, con ello, dibujamos el contorno de nuestra identidad. Del mismo modo que en “La rebelión de las masas” (1930) critica la vida inauténtica del hombre-masa, aquí se subraya que eludir proyectos propios es renunciar a ser verdaderamente uno mismo.

Construir sentido a través de lo que hacemos

Finalmente, vivir los proyectos no solo hace crecer la identidad, sino que también configura el sentido de la vida. Las acciones no son meros movimientos, sino respuestas a la pregunta por el para qué. A medida que se vive un proyecto coherente —sea artístico, profesional, ético o comunitario— se traza una narrativa que otorga unidad al pasado y orientación al futuro. Así, la frase de Ortega invita a comprender que, del mismo modo que el agricultor reconoce su campo en lo que ha sembrado, cada persona acaba reconociéndose en las acciones que ha decidido vivir.