Imaginación Audaz Y Escritura Desde El Cuerpo

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Imagina con audacia, luego escribe la primera línea con los pies. — Gabriel García Márquez

Una invitación a desobedecer lo obvio

La frase de García Márquez une dos gestos insólitos: imaginar con audacia y escribir con los pies. En apariencia es una broma surrealista, pero en el fondo desafía la obediencia al modo “correcto” de crear. No basta con pensar: hay que hacerlo de una forma que rompa la comodidad y fuerce otra relación con las palabras. Así, desde el inicio se propone una poética de la desobediencia, donde la creación literaria nace precisamente de lo que parece absurdo o imposible.

Imaginación audaz como punto de partida

En primer lugar, “imagina con audacia” reclama una imaginación sin miedo al ridículo ni al fracaso. Es la misma que impulsa a García Márquez a comenzar Cien años de soledad con un pelotón de fusilamiento y un bloque de hielo, desafiando la realidad convencional. Esta audacia no es solo exageración; es atreverse a mezclar tiempos, voces y sucesos improbables hasta encontrar una verdad más honda. De este modo, la imaginación se convierte en un laboratorio donde lo prohibido, lo fantástico y lo exagerado son el material de trabajo.

Escribir con los pies: del símbolo a la práctica

Luego aparece la orden más desconcertante: “escribe la primera línea con los pies”. Literalmente es casi impracticable, y por eso mismo funciona como símbolo. Escribir con los pies implica cambiar de postura, aceptar la torpeza inicial y admitir que la perfección no puede ser la condición de arranque. Como dibujar con la mano menos hábil, obliga a abandonar la vanidad técnica y a concentrarse en el impulso genuino de decir algo, aunque salga chueco. Así, la frase sugiere que la escritura empieza donde dejamos de protegernos.

Romper hábitos para encontrar una voz propia

A partir de esta imagen, la enseñanza se amplía: todo hábito excesivamente cómodo empobrece la creatividad. Al pedirnos escribir con los pies, la frase nos llama a desmontar rutinas mentales, fórmulas narrativas y voces prestadas. Como en los ejercicios surrealistas de escritura automática, lo esencial es desarmar el control rígido para que aparezcan asociaciones inesperadas, recuerdos ocultos y giros personales. De esta ruptura puede surgir una voz menos pulida pero más auténtica, capaz de decir lo que la corrección censuraba.

Del juego al oficio: corregir sin matar el riesgo

Sin embargo, esta invitación al juego no niega el oficio; lo reordena. Primero el riesgo, después la corrección. García Márquez contaba que podía demorar semanas en hallar la frase inicial adecuada, puliéndola una y otra vez, pero el impulso original solía ser irracional, casi corporal. La clave está en conservar la temperatura de esa primera línea escrita “con los pies” mientras se afinan ritmo y claridad. Así, la frase nos recuerda que la literatura más viva nace de un equilibrio: atreverse como un niño, trabajar como un artesano.

Una ética creativa para más que la literatura

Finalmente, esta máxima se proyecta más allá de la escritura. Imaginar con audacia y actuar de maneras poco habituales puede aplicarse al arte, a la ciencia o a la vida cotidiana. Innovadores como Leonardo da Vinci o, siglos después, Steve Jobs, comenzaron por ideas que parecían descabelladas y métodos poco ortodoxos. La frase de García Márquez resume una ética creativa: primero aceptar el desorden fértil, luego darle forma. En esa oscilación entre locura y estructura se juega la posibilidad de crear algo verdaderamente propio.