Sufrimiento, sentido y un horizonte más amplio
El sufrimiento puede ampliar tu horizonte; elige ver el camino abierto. — Viktor Frankl
El dolor como punto de inflexión
La frase sugiere que el sufrimiento no solo hiere: también puede mover la mirada, obligándonos a salir de los límites de lo conocido. Cuando una pérdida, una enfermedad o un fracaso interrumpe la rutina, lo que antes parecía importante se reordena con brusquedad. Así, el dolor actúa como un umbral: duele, pero también revela. En ese giro aparece la posibilidad de un horizonte más amplio, no porque el sufrimiento sea “bueno”, sino porque nos coloca frente a preguntas esenciales. Y justo ahí comienza el tránsito hacia el sentido: del golpe a la interpretación, del hecho a la respuesta personal.
Frankl y la libertad interior
La idea conecta directamente con Viktor Frankl y su logoterapia, desarrollada tras su experiencia en campos de concentración, narrada en *Man’s Search for Meaning* (1946). Frankl sostenía que, aunque no siempre podemos cambiar las circunstancias, sí podemos elegir la actitud con que las enfrentamos. Esa “última libertad” no elimina el sufrimiento, pero impide que lo convierta todo en destino cerrado. Por eso, cuando la cita habla de “elige ver”, no se refiere a una negación ingenua del dolor, sino a un acto deliberado de conciencia: reconocer lo que ocurre y, aun así, conservar un margen de agencia interior.
Ampliar el horizonte: ver más allá de uno mismo
Ampliar el horizonte implica salir de la visión estrecha que el sufrimiento suele imponer. Al principio, el dolor reduce el mundo a un solo punto: lo que falta, lo que duele, lo que asusta. Sin embargo, con el tiempo puede ocurrir lo contrario: se despierta una sensibilidad nueva hacia la vulnerabilidad ajena, hacia la fragilidad de los proyectos y hacia el valor de lo cotidiano. De ahí que muchas personas, tras una crisis, cambien prioridades con una claridad inesperada: llamadas que antes se postergaban, reconciliaciones que se hacían imposibles, o un compromiso distinto con el trabajo y el cuidado. El horizonte se amplía cuando el yo deja de ser el único centro de gravedad.
El camino abierto como decisión práctica
“Elige ver el camino abierto” traduce una postura filosófica a un gesto concreto: buscar posibilidades donde parecía no haberlas. No significa que todo tenga una salida inmediata, sino que el sufrimiento no clausura automáticamente el futuro. A veces, el camino abierto es mínimo: levantarse, pedir ayuda, sostener un hábito básico, o aceptar un día más sin resolverlo todo. En esta lectura, la esperanza no es un sentimiento espontáneo, sino una práctica. Se parece a encender una luz pequeña en un pasillo largo: no cambia el pasillo, pero permite dar el siguiente paso con menos miedo.
Riesgos de la interpretación: no romantizar el dolor
Para que la frase conserve honestidad, conviene evitar una trampa común: convertir el sufrimiento en mérito o en obligación de crecer. Hay dolores que desorganizan, traumas que requieren acompañamiento clínico y duelos que no obedecen a calendarios. Frankl mismo distinguía entre encontrar sentido y justificar el mal: dar significado a la experiencia no vuelve deseable aquello que la causó. Precisamente por eso, la elección propuesta es humilde: no exige “ganar” al dolor, sino impedir que lo defina por completo. El camino abierto puede incluir terapia, redes de apoyo y límites; también puede incluir admitir que hoy no se puede más, y aun así no rendirse.
Una ética del sentido: transformar sin negar
Al final, la frase invita a una ética del sentido: responder al sufrimiento con una orientación, no con una rendición. Esa orientación puede tomar formas diversas—servicio, creación, amor, aprendizaje—pero comparte un núcleo: convertir la experiencia en una fuente de responsabilidad hacia la vida. Frankl lo formula como una inversión de la pregunta: no se trata tanto de qué esperamos de la vida, sino de qué espera la vida de nosotros (Frankl, 1946). Así, el horizonte se amplía cuando el dolor deja de ser solo un cierre y se vuelve también una pregunta abierta. Y el “camino” aparece cuando aceptamos que, incluso con heridas, todavía podemos elegir una dirección.