Dudas que se vuelven escalones hacia el cambio

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Reúne tus dudas como piedras, luego construye la escalera que antes bloqueaban. — Safo

La imagen central: de obstáculo a herramienta

Safo condensa en una sola escena un giro radical: aquello que pesa y estorba —las dudas— puede reunirse y ordenarse hasta convertirse en una escalera. Al principio, la duda aparece como piedra suelta, incómoda, dispersa; sin embargo, cuando se recoge con intención, deja de ser tropiezo y pasa a ser material de construcción. Así, la frase propone una alquimia cotidiana: convertir lo que interrumpe el avance en soporte para avanzar. Con ese cambio de mirada, el problema no es sentir incertidumbre, sino dejarla regada por el camino. Lo decisivo es el gesto de “reunir”: acercar cada pregunta a un centro, darle forma y propósito, como quien apila piedras para elevarse por encima del muro que antes imponían.

Reunir dudas: un método de claridad

La primera mitad del consejo implica disciplina: juntar dudas no es alimentar ansiedad, sino nombrar con precisión lo que no se entiende, lo que no se decide, lo que se teme. En lugar de un ruido difuso, la incertidumbre se convierte en inventario. Ahí aparece una transición natural: cuando se enumera una duda, ya se empieza a medir su tamaño y su alcance, y lo que parecía una amenaza total se vuelve una serie de preguntas concretas. En la práctica, “reunir” puede parecerse a escribir: ¿qué exactamente me detiene?, ¿qué evidencia tengo?, ¿qué me falta? Ese gesto recuerda el impulso socrático por esclarecer conceptos mediante preguntas, como en los diálogos de Platón (por ejemplo, *Apología*, c. 399 a. C.), donde la indagación no paraliza, sino que orienta.

Construir la escalera: ordenar y actuar

Luego llega el movimiento decisivo: con las dudas reunidas, se construye. Una escalera no se improvisa con piedras al azar; requiere orden, estabilidad, una progresión. De manera análoga, la frase sugiere que cada duda puede volverse un peldaño si se le asigna una acción: investigar, pedir consejo, ensayar, posponer con criterio o decidir con límites claros. Así, la incertidumbre deja de ser puro freno y se transforma en secuencia de pasos. Esta transición de pensar a hacer protege de dos extremos: la impulsividad que ignora preguntas legítimas y el análisis interminable que nunca aterriza. La escalera no elimina el muro; permite atravesarlo. Y ese matiz es clave: no se trata de esperar a estar “sin dudas”, sino de usarlas como estructura para moverse.

Resiliencia: convertir peso en impulso

La metáfora también retrata una forma de resiliencia: aprovechar el mismo material que hiere para sostenerse. La piedra simboliza carga, pero también solidez. En ese punto, Safo sugiere que la experiencia de dudar —con su incomodidad y su lentitud— puede fortalecer, porque obliga a mirar mejor, a afinar criterios y a reconocer límites. Paradójicamente, el peso se vuelve entrenamiento. Viktor Frankl, en *Man’s Search for Meaning* (1946), describe cómo el sufrimiento puede adquirir sentido cuando se orienta hacia una tarea o un propósito; aquí, la tarea es construir un ascenso con lo que parecía lastre. La frase no romantiza la incertidumbre, pero sí la reubica: si no puedo evitar las piedras, puedo decidir cómo apilarlas.

Una ética de la duda: humildad y aprendizaje

Además, el aforismo plantea una ética: dudar no es debilidad, sino señal de atención. Quien no duda nunca, a menudo confunde certeza con rigidez. En cambio, reunir dudas implica humildad intelectual: aceptar que faltan piezas, que hay riesgos, que el mundo no se deja reducir a un impulso. Por eso, el proceso de construcción no solo produce avance, sino también criterio. En continuidad con esa idea, la escalera representa aprendizaje acumulado. Cada piedra puede ser una conversación difícil, un error reconocido, una hipótesis descartada. Al final, lo que antes bloqueaba no desaparece: se integra. Y esa integración es la que permite subir sin negar lo vivido.

Aplicación cotidiana: del bloqueo a un plan

En la vida diaria, el muro suele llamarse decisión: cambiar de trabajo, iniciar un proyecto, terminar una relación, mudarse, estudiar algo nuevo. Las dudas aparecen como piedras que hacen resbalar. Sin embargo, si se reúnen, pueden volverse un plan: lista de preguntas, criterios de decisión, plazos y pequeños experimentos. Por ejemplo, alguien que duda de un cambio laboral puede convertir cada temor en un peldaño: hablar con alguien del sector, revisar finanzas, actualizar habilidades, probar un proyecto paralelo. De ese modo, la frase de Safo funciona como guía práctica: la escalera no exige un salto heroico, sino una construcción paciente. Y cuando el primer peldaño está firme, el muro ya no es una condena: es simplemente el lugar desde el que empieza el ascenso.