Crear significado diario evitando la inactividad

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Rehúsa estar inactivo; crea significado con tus manos cada día. — Viktor Frankl
Rehúsa estar inactivo; crea significado con tus manos cada día. — Viktor Frankl

Rehúsa estar inactivo; crea significado con tus manos cada día. — Viktor Frankl

Una invitación a elegir la acción

La frase de Viktor Frankl no suena como un eslogan de productividad, sino como una orientación existencial: si la inactividad nos deja a merced del vacío, la acción nos devuelve la capacidad de elegir. En lugar de esperar a “sentir” sentido, Frankl propone construirlo, paso a paso, desde lo que hacemos. Así, el énfasis no está en grandes gestas, sino en el rechazo deliberado a quedar inmóviles. Incluso cuando el mundo externo no cambia, la acción —por pequeña que sea— introduce dirección, y con ella aparece una narrativa interior: “hoy hice algo que cuenta”.

Sentido como obra, no como hallazgo

A continuación, la idea central se afina: el significado no siempre se descubre como una verdad escondida; a menudo se fabrica como una artesanía. En Logoterapia, Frankl sostiene que el sentido puede realizarse mediante obras o tareas, es decir, creando algo o aportando algo al mundo (Frankl, *El hombre en busca de sentido*, 1946). Por eso “crear significado con tus manos” es más que una metáfora bonita: sugiere que el sentido se vuelve tangible cuando se encarna en acciones concretas. La vida, entonces, no pregunta qué esperamos de ella, sino qué espera ella de nosotros en lo cotidiano.

Las manos: el símbolo de lo concreto

Luego aparece un detalle decisivo: “con tus manos” desplaza la reflexión del plano abstracto al terreno de lo práctico. Las manos representan oficio, cuidado, reparación, servicio; lo que se toca cambia, aunque sea mínimamente. Esto incluye desde escribir una página hasta cocinar para alguien, ordenar un espacio o terminar una tarea pendiente. En esa materialidad hay un antídoto contra la rumiación: cuando el pensamiento gira en círculos, las manos abren una salida. Y al producir un resultado visible, por modesto que sea, se refuerza la sensación de agencia: no todo está resuelto, pero algo está siendo construido.

Disciplina diaria frente al vacío

De ahí que Frankl subraye “cada día”: el sentido no se sostiene solo con inspiraciones ocasionales, sino con continuidad. La rutina, bien entendida, no es cárcel sino estructura; permite que el significado se acumule como capas de trabajo paciente. En vez de buscar un único propósito monumental, se propone una fidelidad diaria a acciones con valor. Este enfoque también previene una trampa común: posponer la vida hasta tener claridad total. La claridad suele llegar después del movimiento, no antes. Al actuar con regularidad, el sentido se vuelve menos un misterio y más una consecuencia.

El peso psicológico de la inactividad

Además, la inactividad prolongada rara vez es neutra: con frecuencia amplifica la ansiedad, la apatía o la sensación de inutilidad. Frankl advirtió sobre el “vacío existencial”, esa experiencia de falta de rumbo que puede intensificarse cuando no hay tareas significativas que ordenen el día (Frankl, 1946). Por contraste, una práctica sencilla —hacer algo útil, creativo o generoso— puede funcionar como ancla. No elimina el dolor ni las circunstancias difíciles, pero introduce un “para qué” operativo: una razón concreta para levantarse y continuar, aunque sea en fragmentos.

Responsabilidad y servicio como fuente de sentido

Finalmente, la frase insinúa que el sentido no es solo autorrealización, sino responsabilidad: hacer con las manos algo que responda a una necesidad, propia o ajena. En la vida real, esto puede verse en quien atraviesa un duelo y decide cuidar un jardín, o en quien, sin grandes certezas, se compromete a ayudar a un familiar o a aprender un oficio. Así, la acción diaria se convierte en un puente entre interioridad y mundo. Frankl no promete una vida sin sufrimiento; propone una vida donde, pese a él, la persona puede seguir creando significado de forma concreta, continua y responsable.