Sembrar justicia y cultivarla cada día

Copiar enlace
3 min de lectura
Cuando plantas una pregunta de justicia, cuídala con actos cotidianos hasta que dé fruto — Desmond T
Cuando plantas una pregunta de justicia, cuídala con actos cotidianos hasta que dé fruto — Desmond Tutu

Cuando plantas una pregunta de justicia, cuídala con actos cotidianos hasta que dé fruto — Desmond Tutu

La justicia como semilla, no como consigna

Desmond Tutu sugiere que la justicia empieza como una “pregunta” porque nace de la inquietud moral: algo no encaja y exige ser pensado en voz alta. Esa pregunta, sin embargo, no es todavía transformación; es apenas la semilla de una conciencia que se atreve a nombrar lo que duele. A partir de ahí, la metáfora agrícola ordena el resto del camino: una semilla no se vuelve árbol por proclamarse árbol. Del mismo modo, la justicia no avanza solo con declaraciones solemnes, sino con procesos persistentes. Así, Tutu desplaza el foco desde el gesto heroico hacia la paciencia ética: sostener la pregunta hasta convertirla en práctica.

Cuidar la pregunta: disciplina de lo cotidiano

Si la justicia se siembra con una pregunta, se cuida con hábitos. Tutu apunta a “actos cotidianos” porque es ahí donde la coherencia se prueba: en cómo se escucha, cómo se reparte el tiempo, cómo se toma una decisión pequeña cuando nadie mira. Es una invitación a entender la moral como entrenamiento, no como espectáculo. Además, lo cotidiano tiene una potencia acumulativa. Un gesto aislado puede ser simbólico, pero una rutina de gestos va moldeando el entorno: cambia qué se tolera, qué se celebra y qué se corrige. En esa lógica, el cuidado de la pregunta evita que se convierta en cinismo o en simple indignación pasajera.

Del gesto mínimo al fruto visible

La frase culmina en “hasta que dé fruto”, y con ello introduce una idea exigente: el resultado de la justicia suele ser lento, medible en cambios graduales más que en victorias instantáneas. El fruto aparece cuando la constancia atraviesa el tiempo: cuando una práctica repetida crea confianza, reduce daño o abre oportunidades reales. En consecuencia, Tutu propone un criterio de evaluación práctico. No basta con “tener razón” o “estar del lado correcto”; importa qué efectos concretos producen nuestras elecciones. La justicia, en este marco, se reconoce por sus frutos: vidas menos vulnerables, relaciones más equitativas, instituciones más responsables.

Responsabilidad personal en tiempos colectivos

Aunque la justicia es un asunto social, Tutu la aterriza en el individuo: cada persona puede regar o abandonar la pregunta. Esto no niega la importancia de las estructuras; más bien recuerda que las estructuras se sostienen con decisiones repetidas por muchos. En Sudáfrica, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (1996–1998) mostró justamente esa tensión: procesos nacionales que requerían, a la vez, actos personales de reconocimiento, escucha y reparación. Por eso, la cita evita el falso dilema entre “lo personal” y “lo político”. La vida diaria se vuelve el lugar donde la justicia deja de ser teoría, porque es ahí donde se elige entre la indiferencia cómoda y la responsabilidad constante.

Esperanza activa: la paciencia que no se rinde

Finalmente, la metáfora del cultivo contiene una esperanza sobria: no la esperanza de que todo salga bien por inercia, sino la esperanza que trabaja. Cuidar una pregunta implica aceptar incertidumbre—no siempre se ve el avance—y aun así perseverar, como quien riega sin exigir brotes al día siguiente. Esa esperanza activa también protege contra dos tentaciones: la desesperación, que abandona la siembra por creerla inútil, y la impaciencia, que quiere fruto sin proceso. Tutu parece recordarnos que la justicia madura como lo vivo: necesita tiempo, cuidado y una fidelidad diaria que, acumulada, termina por cambiar el paisaje.