Caminar con curiosidad para revelar el camino

Da un paso hacia adelante con curiosidad; el camino se revelará bajo tus pies. — Søren Kierkegaard
El primer paso como acto decisivo
Kierkegaard sugiere que el momento clave no es tener todo claro, sino atreverse a dar el primer paso. En lugar de esperar a que el camino esté completamente iluminado, la acción inicial se vuelve un compromiso existencial: al movernos, mostramos qué deseamos realmente. Así, la decisión de avanzar rompe la parálisis de la duda y convierte la incertidumbre en terreno transitable. Como en sus diarios, donde afirma que “elegir es perder”, el filósofo recuerda que no avanzar por miedo a equivocarse también es una elección, y probablemente la más estéril.
La curiosidad como motor espiritual
Sin embargo, no se trata de avanzar a ciegas, sino de hacerlo con curiosidad. Esta actitud, lejos de ser un mero capricho intelectual, es un impulso profundo hacia la verdad y el sentido. Al mirar el mundo con ojos interrogantes, incluso lo cotidiano se vuelve una fuente de revelaciones. De manera similar a como en “Temor y temblor” Kierkegaard relee la historia de Abraham una y otra vez, la curiosidad nos lleva a reinterpretar lo ya conocido, descubriendo matices que antes pasaban desapercibidos.
El camino que nace al andar
A partir de esa disposición curiosa, el camino “se revelará bajo tus pies”. Esta imagen sugiere que el sentido no está dado de antemano, sino que se construye en el propio movimiento. Tal como la figura del “caballero de la fe” en Kierkegaard, quien camina sin garantías racionales, la persona curiosa va comprendiendo su trayectoria solo a medida que la recorre. En lugar de un mapa definitivo, posee una brújula interior que se afina con cada decisión, transformando lo desconocido en ocasión de crecimiento.
Incertidumbre, riesgo y autenticidad
Esta forma de avanzar implica aceptar el riesgo y la incertidumbre como parte inseparable de la vida auténtica. Kierkegaard, en “El concepto de la angustia” (1844), describe la angustia como el vértigo de la libertad: esa mezcla de temor y posibilidad ante lo que aún no está decidido. Dar un paso con curiosidad significa no negar ese vértigo, sino integrarlo como señal de que estamos ante una elección significativa. Así, la incomodidad deja de ser enemiga y se vuelve indicio de que nos movemos más allá de lo puramente cómodo o impuesto.
Aplicar la máxima en la vida cotidiana
Llevada al terreno práctico, esta idea invita a comenzar con pequeños movimientos: iniciar un proyecto sin saber el final, conversar con alguien que piensa distinto, explorar una disciplina nueva. Igual que un estudiante que elige una carrera sin garantías absolutas, solo al avanzar descubre intereses reales, talentos ocultos y límites concretos. En este sentido, la frase de Kierkegaard no es solo una reflexión filosófica, sino una pauta de acción: arriesgar un paso, mantener viva la curiosidad y permitir que, paso a paso, la propia vida revele su forma.